Ella lo esperaba
siempre mirando por la ventana, no quería que él la descubriese llorando, tenía
miedo, miedo hasta de llorar. Siempre lo esperaba, con sus ojos oscuros llenos de lágrimas. Él llegaba,
algunas veces, otras no. Ella pasaba
hasta la medianoche esperándolo y se iba a la cama sin poder dormir.
Las noches que el llegaba tarde, siempre era alcoholizado, ella sabía lo que
venía después. Nunca supo lo que era el cariño, pero en cambio siempre vivió el
dolor y el miedo en carne propia, cada noche, cada mañana, a la hora del
almuerzo y de la cena. La
comida nunca fue lo suficientemente sabrosa para él.
Con él aprendió muchas
cosas, como que lo sueños son solo sueños y nunca llegan a cumplirse, su sueño
de ser bailarina fue quedando en el olvido, muchas veces se quedaba pensando en
las tantas cosas que podría haber sido, pero de nuevo recordaba la cocina que le quedaba por limpiar y se
olvidaba de todo eso, que ahora era como un sueño de adolescente.
No le gustaba contar acerca de su vida y su relación a los demás, aunque muchos
le habían dicho que nunca conoció el
amor, ella estaba convencida de que lo conocía más que nadie.
Lo amaba, y si había algo a lo que no le temía, era al amor.
Mientras limpiaba la
casa, o cocinaba, pensaba en él, más cuando se ausentaba por horas, ella nunca se atrevió
a preguntar dónde estaba, o que hacía. Era tan feliz cuando el llegaba con
flores o bombones, su corazón latía más fuerte, y sentía que no podía pedir
más.
Las pocas veces que
sonreía, intentaba exagerar su sonrisa para que todos creyeran que era feliz,
cuando quería llorar se aguantaba las ganas hasta la noche, para cuando él no
estaba. Él no
quería que llorase.
Cuando no tenía
pesadillas, ella soñaba cosas lindas, sueños esperanzadores de que algún día todo
sería mejor. Vivía de sueños, hasta el próximo golpe de él, donde todo su mundo
se desmoronaba, y ahí ella reconstruiría todo de nuevo, excepto el amor, para
ella eso siempre quedaba intacto.
Después de un cierto
tiempo él dejó de regalarle flores y bombones, ella supo que había dejado de
quererla y su decisión fue dejarlo, por primera vez quiso escapar, no verlo
más, olvidarse de él, de sus sueños y de sus esperanzas.
Esa noche él llegó
alcoholizado, como siempre, pero más temprano de lo habitual. Llegó y el ritual
se repitió, solo que esta vez, la amó más que nunca.

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