lunes, 10 de junio de 2013

El perfume de las rosas sin espinas.

Ella lo esperaba siempre mirando por la ventana, no quería que él la descubriese llorando, tenía miedo, miedo hasta de llorar. Siempre lo esperaba, con sus ojos oscuros llenos de lágrimas. Él llegaba, algunas veces, otras no. Ella pasaba hasta la medianoche esperándolo y se iba a la cama sin poder dormir. 
Las noches que el llegaba tarde, siempre era alcoholizado, ella sabía lo que venía después. Nunca supo lo que era el cariño, pero en cambio siempre vivió el dolor y el miedo en carne propia, cada noche, cada mañana, a la hora del almuerzo y de la cena. La comida nunca fue lo suficientemente sabrosa para él.

Con él aprendió muchas cosas, como que lo sueños son solo sueños y nunca llegan a cumplirse, su sueño de ser bailarina fue quedando en el olvido, muchas veces se quedaba pensando en las tantas cosas que podría haber sido, pero de nuevo recordaba  la cocina que le quedaba por limpiar y se olvidaba de todo eso, que ahora era como un sueño de adolescente.
No le gustaba contar acerca de su vida y su relación a los demás, aunque muchos le habían dicho  que nunca conoció el amor, ella estaba convencida de que lo conocía más que nadie. 

Lo amaba, y si había algo a lo que no le temía, era al amor.
Mientras limpiaba la casa, o cocinaba, pensaba en él, más cuando  se ausentaba por horas, ella nunca se atrevió a preguntar dónde estaba, o que hacía. Era tan feliz cuando el llegaba con flores o bombones, su corazón latía más fuerte, y sentía que no podía pedir más.
Las pocas veces que sonreía, intentaba exagerar su sonrisa para que todos creyeran que era feliz, cuando quería llorar se aguantaba las ganas hasta la noche, para cuando él no estaba. Él no quería que llorase.

Cuando no tenía pesadillas, ella soñaba cosas lindas, sueños esperanzadores de que algún día todo sería mejor. Vivía de sueños, hasta el próximo golpe de él, donde todo su mundo se desmoronaba, y ahí ella reconstruiría todo de nuevo, excepto el amor, para ella eso siempre quedaba intacto.
Después de un cierto tiempo él dejó de regalarle flores y bombones, ella supo que había dejado de quererla y su decisión fue dejarlo, por primera vez quiso escapar, no verlo más, olvidarse de él, de sus sueños y de sus esperanzas.
Esa noche él llegó alcoholizado, como siempre, pero más temprano de lo habitual. Llegó y el ritual se repitió, solo que esta vez, la amó más que nunca.